jueves, 30 de marzo de 2017

Luna de Sange (segunda parte)

Carlos no pudo dormir las horas acordadas por el programa. Sus horas de sueño fueron sustituidas por pensamientos insistentes acerca de aquel prisma arenoso que había visto del otro lado del cráter. Apenas pudo cenar y las conversaciones con Plutarco fueron de las restricciones que la agencia había determinado para el alunizaje. Carlos creyó por un momento que se encontraba con su padre a miles de kilómetros de la tierra pues de alguna manera el astronauta Plutarco era un hombre de edad, padre de familia de dos hijos graduados de la universidad y una esposa que él clasificaba como “maravillosa”. Carlos solo tenía a su novia que esperaba pacientemente su llegada pues le había pedido que se casara con él a su regreso, ella sin pestañear aceptó, lo abrazo y lo único que pudo decirle en ese momento fue “te amo”. Ambos habían acordado que la boda se realizaría en cuanto terminara la misión, pero el astronauta no tenía idea de lo que se encontrarían en el satélite.
Después de pasar las horas acordadas de sueño ambos hombres se levantaron con la monótona imagen del espacio; con los paisajes grises de la luna. Después de un desayuno balanceado se dispusieron a continuar con las tareas programadas. Plutarco le había prohibido rotundamente a Carlos ir más allá de aquel enorme cráter o de lo contrario tendría que verse en la necesidad de abortar la misión, lo cual le provocaría a ambos tanto una mala reputación como el despido de ambos astronautas del programa de alunizaje para siempre, pues se estipulaba que pudiera haber más misiones programadas en caso de que esta fuera exitosa.
En el transcurso de las horas la recolección de muestras fue la prioridad. Tenían planeado tomar el pequeño tractor y llegar cerca del Mar de la Tranquilidad. Se trataba de una misión de reconocimiento. Pasar por las áreas que las misiones Apolo ya habían reclamado. La agencia les había trazado una ruta específica alejada de los cráteres grandes. Carlos se ofreció a manejar el pequeño tractor, el cual se encontraba detrás del módulo. Al ir por el Carlos dirigió una mirada a la estructura arenosa  y se percató de un pequeño punto que se movía a la distancia, muy cerca de aquel edificio extraño. El objeto parecía entrar y salir rápidamente de la estructura.
-Plutarco, venga a ver esto por favor- pidió Carlos por el intercomunicador del traje.
-¿Qué pasa?- preguntó Plutarco mientras se acercaba a la posición de Carlos.
-Mire, hay algo que se mueve en esa dirección-
Plutarco miró con detenimiento el dichoso punto. Lo primero que pensó fue en la movilidad de aquello. Parecía tener conciencia propia. No era una simple basura espacial. Esto era algo más y le aterró en lo más profundo de su ser.
-No es nada. Es solo basura espacial-
Carlos miró a los ojos al veterano y le dijo.
-Usted sabe muy bien que no es así. Debemos investigarlo-
Plutarco trataba de evadir la situación. Sabia de las leyendas de la luna y siempre mantuvo esa inquietud en su memoria. Tenía la total percepción de que había algo extraño en la luna pero nunca pensó en llegar a una situación como esta para averiguarlo. Es más, jamás imaginó en desvelar el misterio. Eran simples palabras al aire.
-No es parte de la misión-
-¿De qué habla? Usted sabe muy bien que aquí nadie nos vigila. Estamos solos en esta inmensidad. Es nuestra obligación explorar el suelo lunar-
-No en esta ocasión-
-¡Maldición Plutarco! Olvídese de las reglas. Esto que estamos por presenciar podría cambiar el curso de la historia para siempre. Tenemos que ir a ese lugar-
-¡Olvídalo! No voy a ir ni tu tampoco. En este momento informaré a la estación que se suspende la misión-
En ese momento un extraño ruido de maquinaria se escuchó en el enorme cráter, como si se abriera una especie de compuerta pesada.
-¿Escuchó eso?-
Ambos astronautas se acercaron al cráter y en el fondo de este se pudo ver un pequeño círculo de luz. Una especie de aire caliente emergió en dirección a los astronautas pero este aire parecía succionar lo que se encontrara a su paso pues varias rocas fueron succionadas al instante, junto con polvo y arena. La fuerza de este círculo llegó a los astronautas que comenzó a arrastrarlos hacia el cráter.
-¿Qué pasa? ¡¿Qué es esto?!- exclamó Plutarco.
Carlos en ese momento se aferró a una enorme roca que se encontraba a su izquierda.
-¡Plutarco, tome mi mano!-
El veterano comenzó a andar hacia Carlos. Solo los distanciaba un metro pero la fuerza succionadora del cráter era superior a su andar, eso y la falta de gravedad le impidieron llegar a la enorme roca y aferrarse a ella. Su cuerpo salió suspendido en el espacio y repentinamente la succión se lo tragó al interior de la luna en medio de gritos de auxilio.
-¡Plutarco!- gritó Carlos agarrándose de la roca con todas sus fuerzas.

La succión ya comenzaba a levantarlo junto con la enorme roca. En ese momento pasaron sobre su cabeza rocas y arena; todas tragadas por el cráter. De pronto la enorme roca se movió considerablemente y Carlos presintió el fin. La fuerza de succión finalmente hizo que cediera la roca y el astronauta fue tragado hacia el interior del satélite natural.

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