viernes, 17 de marzo de 2017

Luna de Sangre

I

La agencia espacial mexicana finalmente había dado el gran salto. El mundo estaba a punto de 
presenciar el primer alunizaje latinoamericano de la historia. La nave Kukulkan I estaba a punto de 
aterrizar en la superficie lunar. Había despegado de la estación a las nueve de la mañana y desde ese momento se percibía un ambiente especulativo de un posible éxito o una rotunda catástrofe. Todos los ojos del mundo estaban puestos sobre las pantallas de sus salas para presenciar tan extraordinario espectáculo, pero no tenían idea de lo terrible que era alunizar de nueva cuenta en el satélite natural. 
Unos días atrás un documento extraño había sido enviado a la agencia. Dicho documento tenía como destinatario al astronauta Teodoro  Jiménez. Se trataba de un sobre amarillo perfectamente cerrado con un particular sello grande y rojo que decía “TOP SECRET”. Debajo de este se encontraba una etiqueta que decía “Documento dirigido exclusivamente para el almirante Teodoro Jiménez”. En un principio aquel hombre se extrañó de la procedencia de este ¿Quién pudo enviarlo y con qué motivo? Al irse a su casa abrió el documento, lo estudió, lo inspeccionó a fondo y según declaraciones de su esposa el semblante de su marido fue de un profundo terror relacionado con el alunizaje en el que estaba por participar. Esa misma noche el hombre fue a dar al hospital, víctima de fuertes espasmos debido a una fobia descontrolada. La agencia espacial había determinado que el hombre aún no estaba apto para salir de la órbita terrestre y decidió suspender al almirante del programa. Según los reportes de los médicos que siguieron el caso del almirante el comportamiento del hombre iba desde situaciones involucradas con libros y relatos de avistamientos y abducciones extraterrestres hasta investigaciones relacionadas con el pasado de la tierra. En medio de estos desvaríos comenzó a enfermar gravemente convirtiendo sus fobias en enfermedades terminales. El lanzamiento del Kukulkan I se iba realizar dentro de tres meses, pero antes de este el almirante ya estaba preparando una conferencia de prensa donde iba sacar a la luz todas sus investigaciones sobre la luna y del porque esta se tornaba de un color rojizo cada dieciocho años. El almirante estaba determinado a informarle al mundo todo esto junto con los documentos que había recibido hace un par de meses atrás. Según sus hipótesis había algo enorme en la luna  que, no era de este mundo y sabe dios de que constelación, planeta o galaxia pertenecía. La mayoría de los medios de comunicación se habían abstenido a darle una oportunidad al almirante incluso las burlas y los rumores no se hicieron esperar en torno a su respetable figura. Solo un medio de comunicación independiente aceptó que el hombre asistiera a uno de sus programas y contar abiertamente lo que haba descubierto. Este medio no se esperaba algo grandioso del hombre pues al arecer el cáncer que lo invadía le había provocado ciertas alucinaciones y demás visiones bizarras en torno al asunto, pero aun así decidieron darle una oportunidad al desesperado hombre.
La entrevista se había preparado desde la mañana. La cita se había programado para la tarde pero el almirante jamás acudió. En el transcurso de la noche fue encontrado en su auto con la cabeza completamente hacia atrás y una expresión de terror profundo en su rostro. La policía indagó en torno a este horrible asesinato más nunca se vio la mayor intención de investigarlo, solo se determinó que el hombre estaba realmente mal de la cabeza y aquella torcedura anormal del cuello debió habérsela provocado. Su esposa no creía en estas estupideces por lo que trató de darse a la tarea de terminar el trabajo de Teodoro, pero dos meses después desapareció sin dejar rastro y los medios de comunicación hicieron a un lado tan terrible noticia para darle paso a lo que realmente importaba en esos momentos: el alunizaje de Kukulkan I.
Algunos astrónomos había determinado que el llamado fenómeno “Luna de Sangre” ocurriría meses después de la misión por lo que no hubo ninguna preocupación en torno a que la misión fracasará.
Finalmente llegó el día y todo el mundo estaba a la expectativa. En sustitución al fallecido almirante Teodoro Jiménez fue puesto el astronauta veterano Plutarco Núñez, un astronauta experimentado por sus múltiples misiones en la nasa hacia la estación espacial internacional. Fue presentado un día antes en una conferencia de prensa. Los astronautas Fernando Gamboa, Carlos Quesada y Plutarco Núñez fueron entrevistados hasta el cansancio, pero al final de la casada conferencia se les pregunto lo que la mayoría esperaba preguntarles ¿Qué paso con el almirante Teodoro Jiménez? ¿Es cierto que enloqueció? ¿Qué clase de documentos recibió? ¿Es cierto que dichos documentos hablan de lo que realmente se encuentra en la cara oculta de la luna? Todas estas preguntas fueron como una lluvia de piedras interminable que, difícilmente el trio logró esquivar. Algunos elementos de seguridad entraron en el recinto para llevarse a los astronautas y que no respondieran a dichas indagatorias.
Al día siguiente el despegue se hizo con éxito y cienos de personas que, se encontraban cerca de la Ciudad de México subieron a los techos de sus casas para presenciar el espectáculo. En el transcurso del viaje ninguno de los tres astronautas realizo indagatorias relacionadas con el caso del almirante Teodoro, que su pero algo muy dentro de su ser sabían que no tenían idea de lo que verían allá arriba y lo peor de todo era que estaban completamente solos en la inmensidad espacial y eso los llenaba de un profundo terror. El viaje a la estación espacial donde, cargarán gasolina y algunas provisiones tardó cerca de dos días en llegar, donde el astronauta Fernando Gamboa se quedaría para monitorear la nave Kukulkan I e informar de toda actividad a la agencia.
La nave Kukulkan I llegó a la luna dos días después y desde el descenso ambos astronautas sentían una enorme emoción por pisar el suelo lunar. Al llegar al suelo el modulo aterrizó a 2 km de los cráteres Ritter y Sabine. El veterano Plutarco había recomendado a la agencia aterrizar cerca del Mar de la Tranquilidad pero la finalidad de la agencia era innovar con la misión, descubriendo nuevas fronteras en la luna y proclamarlas como “tierras mexicanas”. Plutarco nunca había ido a la luna pero había oído cientos de historias relacionadas con el satélite. Algunas curiosas, otras que rayaban en lo paranormal y otras que hablaban de encuentros con seres de otros mundos. No es que fuera supersticioso pero el asomo de duda en torno a estas historias le provocaba un inevitable pensamiento de misterio difícil de quitar.
El modulo finalmente había aterrizado. El procedimiento que ambos astronautas debían hacer dio comienzo de inmediato pues el ansia de ambos era enorme. Se enlazaron con la estación para confirmar su aterrizaje y esta a su vez se enlazó con la agencia en el planeta.
El primero en bajar del módulo fue Plutarco seguido de Carlos quien le costaba trabajo manipular su cuerpo debido a la falta de gravedad. Una de las cinco cámaras puestas alrededor del módulo comenzó a filmar el descenso de ambos astronautas mientras que las demás filmaban el paisaje grisáceo de los montes y los cráteres que componían la superficie lunar. Plutarco se hincó para tomar entre sus manos la arena grisácea mientras que Carlos se arrodilló y con ambas manos tocó la suave textura de dicha arena. Sus ojos se llenaron de lágrimas ante la fuere emoción de presenciar el espectáculo del universo. No podían ver la tierra desde su posición pero si podían presenciar el astro rey y la fabulosa energía que irradiaba por doquier. Ambos astronautas tenían una misión importante que cumplir, entre ellas posicionar la bandera mexicana. Plutarco era prudente y caminaba pasivamente en el área del módulo, mientras que Carlos deseaba explorar los cráteres y los montes, pero para Plutarco esto estaba fuera de la verdadera misión y no podían salirse de la ruta acordada. Debían estar dentro de la jurisdicción de la agencia o de lo contrario la misión se abortaría y ellos serían forzados a regresar a casa.
En el primer día de la misión el cielo negro fue su fiel compañía todo el tiempo mientras recogían todo tipo de muestras. Arena, rocas, incluso encontraron una área pequeña llena de un polvo extraño, al parecer metálico que brillaba con la cegadora luz del sol. Carlos comenzó a buscar más de este polvo metálico, fue tal su búsqueda que se alejo del área sin darse cuenta y al momento de levantar el rostro se encontró de frente con un enorme cráter que albergaba una profundidad mortuoria y abismal. Carlos se petrifico ante tal descubrimiento. Calculo el diámetro. Medía aproximadamente cuarenta metros, la profundidad era difícil de determinar pues la luz del astro no llegaba con tal intensidad hasta ese lugar. De pronto a la distancia, del otro lado del cráter, vio lo que parecía un monte en forma de prisma rectangular. ¿Cómo era eso posible? Jamás había visto algo así, parecía una especie de edificio pero edificado con la misma arena. Carlos tenía pensado llegar hasta allá y averiguar de qué se trataba aquello pero en ese momento Plutarco le habló y sabía de antemano que no podía violar las leyes del astronauta veterano o de lo contrario se enfrentaría a consecuencias con la agencia. Al llegar a la posición de Plutarco le informó del extraño hallazgo. Ambos astronautas fueron hacia el cráter y ala distancia pudieron observar aquel objeto extraño objeto. Plutarco calculo podría medir unos diez metros de altura. No podía determinarlo con exactitud pero de una cosa si estaba seguro. Temía encontrarse con esta clase de cosas a miles de kilómetros de la tierra y no solo eso, recordó lo sucedido al almirante Teodoro y todo lo que se dijo y especuló sobre su caso, algo fuertemente relacionado con la luna que, probablemente, altos cargos del gobierno y la sociedad no deseaban que la población general se enterara. Algo relacionado con la llamada “luna de sangre”.
-Será mejor que volvamos- dijo Plutarco.
-¿Qué? ¿De qué habla? No nos tomará mucho tiempo llegar hasta allá. Tenemos que averiguar qué es eso-
-No está dentro de nuestra jurisdicción. Vámonos-
El astronauta Carlos Quesada era joven. Con 32 años de edad había pasado demasiado tiempo estudiando para poder llegar hasta donde se encontraba en esos momentos. Siempre quiso ser astronauta y ver el cosmos con sus propios ojos pero esto no era parte del cosmos y él lo sabía, era algo más, algo que de alguna manera sobrenatural lo llamaba para ser descubierto a toda costa. En el entrenamiento le habían informado de la clase de cosas que se encontraría y la manera fantástica en que se comporta la ausencia de gravedad, pero jamás le informaron de esto. ¿Un edificio en la luna? Simplemente no lo podía creer.
-Debemos investigar lo que hay allá. También es parte de la misión. Para eso hemos sido entrenados- replicó Carlos.
-Es una orden-
Plutarco no podía darse el lujo de cometer errores en una misión espacial tan importante. Había sido parte de varias misiones y sabía muy bien que un error podía costar muy caro. En aquellas misiones se involucraban mas astronautas experimentados como el y todos seguían al pie de la letra el protocolo, pero con el joven astronauta sabía que no podía permitir que se le saliera de las manos y mucho menos a miles de kilómetros de la tierra en un lugar desolado y extraño que se dice podría albergar vida.

Carlos decidió agachar la cabeza y seguirle el paso a Plutarco. No le quedaba más alternativa que obedecer sus órdenes, pero definitivamente regresaría para encontrar la manera de llegar ahí.



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