domingo, 7 de mayo de 2017

Ciudad Oscura

El pavimento se siente áspero y húmedo a la vez. Emana un olor a muerte y devastación de lo mas recóndito de la calle. El humo penetra en las fosas nasales del hombre provocándole un ligero lagrimeo involuntario. Aún no despierta de lo que el espera sea una pesadilla. De pronto sus ojos comienzan a abrirse lentamente, con pesadez, con el deseo de no levantar los párpados, como si estos pesaran demasiado. Lo primero que ve es un niño, al menos lo que queda de él. Sin el brazo y la pierna derechos, el niño se convierte en la realidad de la pesadilla. Se convierte en la causa del olor putrefacto en el aire. El hombre no le ve el rostro pero el pánico le provoca un tornado de emociones espeluznantes en el estómago. Apoya las manos en el pavimento con lo poco que le queda de fuerza, finalmente siente la textura de lo que con anterioridad era su cama provisional. Logra apoyarlas y comienza a ascender su cuerpo con sumo agotamiento en su ser. Se mira sus ropas y se percata del deshecho traje que porta, mejo dicho de los harapos que porta. Ve sangre a la altura de las costillas, no es mucha pero lo suficiente para deducir lo malherido que se encuentra. Logra apoyar su rodilla izquierda en un rictus de dolor intenso, levanta la mirada y se percata de los cientos de cuerpos esparcidos por toda la calle, mas allá de la intersección observa dos enormes siluetas que caminan hacia donde el se encuentra, no logra distinguirlas con claridad debido a un pequeño hilo de sangre que brota de su frente y zigzaguea en dirección a su ojo. Mira hacia su derecha y ve al niño mutilado desde una perspectiva mas clara, se limpia la sangre de su ojo para poder ver con mejor detenimiento la escena. Mira hacia arriba y ve la oscura atmósfera, ve la muerte del cielo, donde antes brotaba vida y color ahora solo es un nauseabundo y mutilado susurro en el ambiente. "No queda nada" se dice mientras una lágrima de desesperación corre por su mejilla. Baja la mirada hacia el cuerpo del niño, se pone de rodillas y se inclina para poder mirarle el rostro. No hay duda alguna, su hijo se halla descuartizado a lo ancho de la calle. Da un súbito brinco hacia atrás por el impacto que le provoca enterarse de que se trata de su creación mas divina en la tierra. Inclina sus rodillas a la altura del pecho y se abraza como un niño muerto de miedo. Su tristeza aumenta y sus lagrimas se vuelven mas pesadas que hace unos momentos. Escucha pisadas rectas a su derecha, alza la mirada y se percata de que son las dos siluetas que vio a lo lejos, son enormes, calcula la altura y se dan cuenta de que están cerca de los dos y medio metros. No les ve el rostro ni las ropas que traen puestas, pero el hombre deduce que se tratan de gabardinas. Una de las siluetas le ofrece la mano al hombre, este la acepta y se levanta de su deprimente posición, se toca la espalda mientra comprime el rostro por el dolor que le provoca hacer esta acción. El hombre no hace preguntas de ningún tipo, se deja escoltar por las siluetas en dirección a la calle, mira sobre su hombro derecho y vuelve a observar con una profunda tristeza el cadáver de su hijo, como si se despidiera de él. Las dos enormes siluetas y el hombre se pierden en el umbral de la putrefacta noche. Hacia el fin del mundo. Hacia el comienzo de la ciudad oscura.


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