lunes, 4 de septiembre de 2017

Mas allá del sonido


En estos tiempos modernos es complicado creer en lo fantástico. Fantasmas, demonios, seres del inframundo que, constantemente, vienen a entrometerse en nuestras vidas mortales. El solo mencionarlos es como si quebráramos la línea de la evolución, aquella que nos ha convertido en seres razonables. Capaces de crear y nutrir ideas que trascienden a lo largo de la historia. El solo pensar en esto retiramos de nuestras mentes toda superstición, pero que pasaría si toda esa recopilación de fantasías absurdas realmente existiera y nos vigilara desde un punto el cual no pudiéramos percatarnos de su existencia. En mi caso estoy más que seguro de esto último. Me atreví a acercarme a ellos sin pensar en las consecuencias, mi curiosidad fue más fuerte que mi abstinencia. Debo escribir rápido pues presiento que con cada hora, minuto y segundo ellos están más cerca y sabe dios qué planes tengan para mí.

Todo comenzó cuando la audición de mi oído derecho se perdió. Me vino una especie de hipoacusia según los médicos. Me hicieron estudios auditivos y neurológicos pero todo parecía inútil. Los resultados que arrojaban eran normales y no encontraban ningún tipo de anomalía en mi oído, simplemente no respondía a los ruidos. Pasó una semana y mi angustia incrementaba. Mis hábitos comenzaron a cambiar. Constantemente me golpeaba con los muros. En una ocasión estuvieron a punto de atropellarme. Le explique al conductor de mi condición y lo único que pudo hacer fue mostrar lástima, incluso ofreció llevarme a mi casa. Me sentía como un anciano, un inútil, una persona que ya no podía valerse por sí misma. Mis amistades aún se preocupaban por mí pero yo comencé a alejarlas. Un buen día dejaron de visitarme pues mi comportamiento solo expresaba odio y frustración. Tenía constantes arranques de ira y todo lo que se travesaba en mi camino era destruido por completo. Un mes después mi mundo, mi trabajo, mis amistades, mis cosas, todo se había ido a la mierda y mi oído derecho seguía sin recibir señales de ningún tipo. Todo eso cambió de la noche a la mañana pues aquello que deseaba escuchar se transformó en algo que no esperaba. Primero eran voces, decían algo pero simplemente no lograba interpretarlo. Esto me causó emoción pues creí que mi audición había regresado pero mis médicos creyeron que solo estaba desvariando. Volvieron a hacerme estudios y el resultado seguía siendo el mismo. Entonces ¿Qué era lo que escuchaba? En mi casa me tapaba el oído izquierdo y aquellas extrañas voces cesaban pero en cuanto quitaba mi mano de la oreja aquello volvía. En la noche este fenómeno se presentaba con mayor frecuencia. El silencio nocturno provocaba un susurro intenso en mi cerebro. No deseaba prestar atención pero mi curiosidad fue más fuerte. Un buen día decidí prestar atención a lo que decían, de haber sabido lo que venía jamás lo hubiera hecho. Rezaban una especie de cántico: El vigilante se acerca, la tierra del olvido mora a tu alrededor, la visión de un mundo externo, donde la muerte es solo el suspiro de un largo sueño. Después comenzaban a entrelazar sus cánticos y el significado de las palabras se perdía. Hice una anotación rápida en una hoja arrugada de papel. A partir de aquel día las voces se oían cada vez más fuerte y siempre declarando la misma frase. Trataba de no prestarles atención pero era demasiado molesto. No podía conciliar el sueño. Entonces se me ocurrió algo extraño, algo que jamás pude concretar si realmente provenía de mi imaginación o de alguna especie de persuasión de estos seres. 

La idea era dialogar con las voces.

Aquel día esperé pacientemente la noche, jamás me había visto tan ansioso, dispuesto, mi ira comenzaba a reprimirse en preguntas, en ideas que a cualquier escritor de ficción le hubiera encantado conocer. Estaba dispuesto a entablar un dialogo con ellos. Deseaba averiguar qué era lo que querían de mí.

Al caer la noche me preparé. Ya eran cerca de las once de la noche y las voces apenas comenzaban. Escuchaba susurros que poco a poco empezaron a entonar el extraño cántico. Esperé pacientemente a la media noche conjeturando una serie de preguntas que se me antojaban extrañas pues jamás en mi vida me había encontrado en una situación en la que pudiera cuestionar entidades de otro mundo. El solo pensarlo me hacía sentir como un pequeño animal indefenso.
La intensidad creció y con mi oído derecho podía escuchar perfectamente aquel submundo desconocido. Mi oído izquierdo solo escuchaba el silencio de la noche. En cuanto escuché la frase realice la primera pregunta:

-¿Quiénes son?

No obtuve una respuesta inmediata así que me aventuré a la segunda pregunta.

-¿De dónde son?

Esperé unos minutos pero de igual manera no obtuve respuesta. Sentía que con estas preguntas no llegaba a ningún lado. Había formulado cerca de diez pero la última era la más importante de todas. Me puse cómodo antes de formularla pues me encontraba sumamente nervioso. Me encontraba hablando con entidades de otro, posiblemente provenientes de la muerte. No era del todo cuerdo hacerlo pero algo me decía que era mi deber.

-¿Quién es el vigilante?

Repentinamente las voces callaron y la audición de mi oído derecho regresó. Me llené de alegría al instante pero no por mucho tiempo. Los grillos dejaron de cantar, el viento dejó de soplar y la luna se tornó oscura, emborronada, como si hubiera sido dibujada con carboncillo.
Hace ya un rato que hice esta pregunta y mi casa se ha tornado de una oscuridad extraña. Hay cientos de gatos parados en el techo de la casa de enfrente; observando mi ventana, observándome a mí mientras escribo estas palabras. Presiento que se acerca. El llamado del vigilante ha sido contestado.
Por dios ¿Qué es eso? Alguien ha abierto la puerta de mi casa. Escuchó pasos pesados junto con algo grande que arrastra. Ya viene por mí. Su presencia ha ensombrecido mi habitación, será mejor que cierre con llave, aquello, sea lo que sea no me atrapará. Ahora entiendo lo que mi oído captaba. Un mundo en tinieblas que se oculta en la oscuridad y busca nuevos miembros con los cuales hacerse de una legión de demonios, seres de oscuridad que solo viven de la noche perpetua, demonios de una perversidad insaciable.

El vigilante ha llegado. Ha tocado mi puerta con algo pesadamente. Puedo sentir su presencia maldita recorriendo cada centímetro de mi cuerpo. Estaré muerto. Talvez la enfermedad de mi oído era más grave de lo que creía ahora entiendo aquellos arranques de ira. Mi cuerpo luchaba por sobrevivir pero no mi mente, pero no mi espíritu.

La puerta se ha abierto. Él está en la puerta pero extrañamente no siento miedo alguno. Trataré de describirlo de la mejor manera posible. Es una enorme mancha negra en forma de túnica que se ondea de la cabeza a los pies. Lo que trae pesadamente arrastrando es una especie de enorme bolsa donde…hay varios cuerpos putrefactos.


Confirmo mis sospechas es la hora mi muerte y el viaje hacia aquella tierra del olvido apenas comienza. Extrañamente una mano demoniaca ha salido de aquella túnica. Ahora le puedo ver la cabeza y es monstruosa, parece una especie de reptil cornudo. Por dios me llevara a los infiernos…No espera, no, nooooooo. 


1 comentario:

  1. Excelente relato. Voy a leer tu blog poco a poco, está muy bueno.

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