jueves, 19 de octubre de 2017

Fragmento de Eterna Oscuridad

Vanessa encontró un lugar en el centro de la cafetería. Puso su mochila sobre la mesa y sacó su almuerzo junto con un libro. Comenzó a hojearlo mientras degustaba de un sándwich de jamón perfectamente cortado a la mitad. A un lado tenía un jugo de manzana en un pequeño cilindro. El ruido de la multitud le molestaba pero eso no impedía que su concentración fuera absoluta. Se encontraba leyendo los primeros párrafos cuando algo inusual sucedió. Entre una multitud que entraba a la cafetería sobresalía una figura oscura. Portaba una sudadera negra y sucia. La capucha cubría su cabeza casi por completo. Vanessa se intrigó al verlo pues caminaba entre la gente sin que nadie se percatara de su presencia. Trató de ver su rostro pero la capucha cumplía con su cometido. Una oscuridad extraña envolvía su rostro. De pronto dejó de avanzar y se quedó inmóvil en medio de la multitud. Vanessa podía sentir su mirada. Podía que la miraba fijamente. La chica comenzó a extrañarse pero a cada segundo que pasaba su mente pasaba de lo extraño al terror, había algo en aquella figura que no le gustaba en lo absoluto y lo más escalofriante del asunto era que todos lo evadían. Nadie lo miraba directamente a él a pesar de la vestimenta sucia que portaba, era como si estuviera pero no al mismo tiempo. Vanessa se volteó y siguió forzadamente con su lectura cubriéndose el lado izquierdo del rostro.


La multitud que acababa de entrar comenzó a buscar lugares vacíos. No había muchos disponibles. Entre ellos estaban los asientos que rodeaban a la chica. Había ocasiones en las que acompañaban a la chica en su soledad, en especial Daniel, un joven de gustos extraños que compartía su odio contra el mundo pero no había aparecido y por alguna extraña razón, ella deseaba estar con alguien. La soledad había invadido su paz, se sentía sola y llena de miedo. Trató de concentrarse en la lectura pero la curiosidad era más fuerte. Quitó un poco la mano de su rostro y se encontró de nueva cuenta con el extraño sujeto solo que esta vez se encontraba sentado, a un lado de un grupo de chicas. El tipo aún seguía observando detenidamente a Vanessa. La joven se volvió a cubrir el rostro. Estaba aterrada. El ruido envolvente de la gente rodeo sus sentidos, incluso producían un eco extraño. Una risa lejana llegó a sus oídos y contagió a los demás en la cafetería. Vanessa sentía, percibía que se reían de ella, de su soledad, del terror que sentía por ser observada por un tipo maniático que conjeturaba aventuras sexuales con ella. Repentinamente algo rompió el ambiente. Uno de los motociclistas pasó a un lado del grupo de los populares. Lo empujó sin intención pero el otro no lo tomó así. Se volteó y comenzó a empujar al tipo de la chamarra de cuero. Se hicieron de palabras. Se comenzaron a elevar los ánimos y así sin más, la tregua que se había fraguado hace tiempo había llegado a su fin. Ambos grupos no escatimaron en golpes y amenazas de muerte. La sangre comenzó a inundar el piso de la cafetería. Las mujeres también se golpeaban, algunas jalaban el cabello de las otras con tanta fuerza que literalmente lo arrancaban. La batalla campal parecía un documental de animales salvajes solo que más bizarro y sangriento. Vanessa no daba crédito a lo que veía. Uno de los tipos de chamarra de cuero alzó el rostro cuando arrancaba la garganta de otro con sus dientes y la chica se encontró con una mirada diabólica, perversa, carente de humanidad. Sentía que era la mirada morbosa del extraño de sudadera negra. Volteó hacia donde él se encontraba pero este había desaparecido. Miró a la multitud de la cafetería y se percató de que todos se encontraban paralizados, como muertos vivientes. Nadie hacia nada por detener la masacre. Repentinamente unos maestros entraron al recinto y comenzaron a separar a los jóvenes sedientos de sangre. Vanessa se levantó y huyó rápidamente no sin antes escuchar su nombre pronunciado por una voz de ultratumba dentro de su cabeza. Vanessa, Vanessa, Vanessa. Volteó en el acto y lo último que pudo ver fue la violencia incontrolable de los jóvenes hacia los maestros.


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