domingo, 26 de noviembre de 2017

El profeta de la muerte

La llamada fue atendida cerca de la medianoche. Una extraña voz del otro lado de la línea pedía ayuda desesperadamente. Al principio se creía que se trataba de un niño pues el diálogo con la operadora dictaba la inocencia de este pero al final la voz se distorsionaba en un punto crítico donde el carraspeo constante y gutural parecía salir de las cuerdas vocales de un hombre. La llamada se cortaba abruptamente con un gruñido lejano que producía eco en un lugar grande y espacioso. El departamento de emergencias de la policía dio inmediatamente con la ubicación de la llamada. Una patrulla se alistó en la noche y condujeron a través de la ciudad hasta la ubicación marcada. Al llegar se encontraron con un edificio antiguo, al parecer una vivienda que, a simple vista, parecía llevar años abandonada. La fachada era de un azul pastel desgastado y carcomido. El portón rojo carmesí se encontraba entre abierto. La madera de este también se encontraba desgastada pero extrañamente limpia de grafitis así como los muros y las ventanas. Una extraña y densa oscuridad rodeaba el edificio, misma que parecía alejar la luz del faro público que buscaba expandir su resplandor inútilmente. Uno de los oficiales bajó de su patrulla e iluminó con su linterna la fachada del edificio de dos pisos. Parecía una enorme tumba donde se escondían el espectral sentido de la noche junto a sus demonios. Un extraño silencio ensordecedor flotaba en el aire. Al oficial Gutiérrez parecía escuchar un leve zumbido en el ambiente. Un zumbido que flotaba desde el interior del inmueble.
Al no ver movimiento el hombre apagó su linterna y entró de nueva cuenta a su patrulla. Accionó el motor pero un grito proveniente de la vivienda revirtió la acción.
Ambos policías bajaron del auto y con sus linternas iluminaron hacia el portón entreabierto de la vivienda. Ambos prepararon sus armas y entraron. Lo primero que vieron fue un enorme y lúgubre patio descuidado por años de suciedad y basura acumulada. Las paredes se encontraban agrietadas y a la luz de la luna el edificio parecía cobrar vida. En el ambiente se podía percibir algo antinatural, carente de cualquier percepción racional. Tanto Gutiérrez como Carmona comenzaron a trazar un plan, decidieron separarse para recorrer el inmueble y encontrar a la víctima. Carmona comenzó a explorar la planta baja mientras que Gutiérrez subió a la segunda planta.
En la planta alta el asunto no cambiaba en lo absoluto. La pintura azul se caía a grandes rasgos. El pasillo que conectaba con los departamentos rodeaba el patio. Gutiérrez se encontraba en el ala norte, desde su posición el ala sur parecía una ballena muerta a la deriva. Comenzó a aluzar las ventanas de los departamentos. Las puertas de estos se encontraban cerradas. Mientras avanzaba a la distancia divisó una puerta abierta y las alarmas en su cerebro se activaron. El niño se encontraba ahí y probablemente el agresor también. Sacó su arma y se aproximó a aquella puerta. La abrió un poco más para poder entrar. Adentro el asunto era diferente al desorden del exterior. Aquí la pintura parecía no tener daños y el suelo tenía un mínimo de suciedad. El departamento contaba con cuatro habitaciones. A su izquierda se encontraba la cocina mientras que a su derecha estaba la estancia y un pequeño pasillo que conectaba con las dos habitaciones restantes. La luz de su linterna no aluzaba como el esperaba, la oscuridad rodeaba por completo los cuartos a pesar de las grandes ventanas que permitían el paso de la luz de la luna. Comenzó a llamar al  niño pero no hubo respuesta. Al entrar en la estancia se encontró con un manojo de hojas sueltas amarradas con un listón rojo. Se agachó y recogió el manojo. Se percató de que había algo escrito en las hojas. Las letras se encontraban mecanografiadas. El papel parecía amarillento pero a simple vista Gutiérrez no estaba seguro de esto pues la luz no era lo suficientemente fuerte para determinarlo. Aluzo las letras y se encontró con un título a la cabeza del manuscrito: El profeta de la muerte. El hombre quitó el listón del manuscrito y comenzó a leer detenidamente.
30 de Agosto de 1995
Mi soledad finalmente ha sido opacada. No puedo quejarme por la compañía que me han otorgado. Yo así lo desee. Lo pedía a gritos. Ahora debo enfrentar mi realidad y resignarme a lo que me aguarda en las tinieblas. Que este manuscrito quede como manifiesto de mis aberrantes actos contra la humanidad para así poder revertirlos de alguna manera, esperando que aún no sea demasiado tarde para ello.
Todo este asunto comenzó a la muerte de mi padre. Había sido un gran hombre para muchas personas pero para mí era el claro ejemplo de un abandono familiar. Su trabajo como escultor era de lo más extraordinario. Tenía un talento exuberante con el que realizaba hermosas piezas de arte llenas de detalles. Su trabajo siempre fue más importante que cualquier cosa en el mundo, incluido yo. A la muerte de mi madre se refugiaba en sus esculturas dejándome  en mis asuntos depresivos.
El tiempo pasó y el trabajo de mi padre comenzó a ser reconocido a nivel internacional. Los vecinos de los demás departamentos se maravillaban cuando entraban al sótano del edificio donde mi padre tenía acondicionado su estudio.
La felicidad regresó a su rostro y aquel brillo en sus ojos había vuelto. Las cosas comenzaban a mejorar gradualmente. No fue hasta la visita de un extraño hombre quien le encargó una escultura peculiar y extravagante. El hombre buscó a mi padre en su estudio. No siempre tenía permitido entrar a su estudio pero en esa ocasión me pareció tan extraña su presencia que decidí escabullirme. Al entrar al sótano mi padre se encontraba hablando con él con una expresión seria pero un tanto temerosa. El tipo era alto y portaba una gabardina larga  muy elegante. Un sombrero de copa cubría su cabeza pero no su nuca la cual se encontraba en extremo blanca, parecía como si pudieras ver a través de ella. Le entregó a mi padre un folder negro con varias fotografías y una hoja mecanografiada que contenía un largo texto. Mi padre al ver las fotografías cambió su semblante por completo. Ahora parecía preocupado, tenso, como si una enorme roca cayera en su espalda. Tenía un trabajo que hacer pero por primera vez lo veía dudoso, incluso molesto por la presencia de este hombre.
A partir de ese momento mi padre se encerraba horas y horas en su estudio. Absorto en una nueva escultura. Solo salía a comer y beber y regresaba inmediatamente a su trabajo. Los días pasaron y yo era cada vez más independiente. Mi padre y ello comenzábamos a perder relación solo lo veía en la hora de la comida y nunca decía una sola palabra sobre la nueva escultura que hacía. Anteriormente platicamos y nos reíamos pero aquella unión familiar se vio frustrada por completo desde la visita de aquel hombre.
`Pasaron meses y mi padre se veía más cansado, ojeroso, molesto y pálido. Incluso sus nervios comenzaban a alterarse de manera gradual. No sabía qué era lo que sucedía con él pero aquel nuevo proyecto lo estaba matando física y emocionalmente.
Una noche un terrible grito se escuchó en el sótano del edificio. Todos los vecinos despertaron y fueron al departamento para preguntar por mi padre pero él no se encontraba ahí. Decidí ir a buscarlo al sótano. De todos los hombres en el edificio solo dos me acompañaron y lo que vimos en su estudio nos horrorizó por completo. Mi padre se encontraba en el suelo con la cabeza totalmente hacia atrás. Tratamos de moverlo pero se encontraba tan rígido que nos fue imposible. Detrás de él a unos cinco metros, en la pared del fondo, se encontraba na escultura inacabada. La oscuridad no nos dejaba ver por completo pero aquella silueta deforme parecía cobrar vida. Mis acompañantes y yo decidimos cubrir el cuerpo y hacer los trámites correspondientes que necesita un funeral.
Al día siguiente mi depresión regresó más acentuada que nunca. Llore sobre el féretro de mi padre como si nunca en mi vida lo hubiera hecho. Le pedí a mis amigos que me dejaran solo por un momento, la ira comenzaba a invadir mis sentidos y no quería desquitarme con ellos. Tomé las llaves del sótano y baje hasta el estudio de mi padre. Todas las obras de arte de mi padre se encontraban cubiertas por mantas. Comencé a descubrir una por una y en ellas vi reflejada la obsesión de un hombre por querer ser grande en su talento pero también vi un hogar destruido y separado por años de trabajos excesivos. Tomé el martillo de mi padre y comencé a destruir todas sus obras de arte. En medio de mi coraje y mi frustración me topé con la escultura inacabada que realizaba antes de morir. Quite la manta y me encontré con la figura de un monstruo. No podía apreciarla por la falta de luz en el sótano pero su silueta era más que grotesca. Mire a mi derecha y en el suelo se encontraba el folder negro. Lo recogí y me dirigí hacia una pequeña ventana que servía como único acceso de luz en aquel lúgubre lugar. Abrí el folder y me encontré con una serie de fotografías grotescas, anormales, carentes de sentido. El protagonista de las imágenes era una bestia indescriptible. Un monstruo que tenía cientos de colmillos que sobresalían de una enorme boca con innumerables lenguas largas. Sus ojos eran dos enormes círculos vidriosos negros y profundos como una caverna. Su cuerpo estaba constituido por varios troncos humanos, grisáceos y escamosos, cada tronco contaba con largas extremidades que terminaban en varias cabezas humanas sin lengua ni ojos. A ambos lados se encontraban dos siluetas que portaban togas negras y largas. Largas capuchas tapaban sus cabezas y dentro de ellas también parecía haber una carencia extraña de vida. En ese momento no supe qué hacer. Mis manos temblaban sin control  pues la fotografía era grotescamente real. Supernatural. Envuelta en auras de incontables mundos podridos. Repentinamente una hoja se desprendió de entre las fotografías. Era un papel mecanografiado. Se trataba del testamento de mi padre. No daré los detalles del documento pero si lo que quería decir. Mi padre me heredó el negocio, así como la completa realización de la obra llamada “Gurkal, El profeta de la muerte”. En ese momento me estremecí y las lágrimas volvieron a recorrer mis mejillas. No podía creer su egoísmo pero sobre todo el obligarme a terminar con el arte deforme que lo llevó a la tumba. Era inaceptable. En ese momento tome el martillo y me dirigí a la escultura del monstruo. Con toda mi furia estaba por darle fin a esa cosa pero extrañamente no pude, algo que no puedo explicar me detuvo abruptamente y comencé a sentir deseos de ver terminada la obra. No soy escultor como mi padre pero los deseos de concluir la escultura me llevaron a usar las artes de esculpir con una ansiedad morbosa. Al igual que mi padre me encerré por días en aquel sótano de perdición y muerte, dándole forma a un ídolo ancestral que cuida con recelo los secretos de la muerte y la transición hacia mundos fríos y desolados.
Hace meses que termine de esculpir los últimos rasgos y el dios amorfo se ve más vivo que nunca. El hombre de la gabardina llegó hace un par de días y me pagó por la obra de arte que termine. Al llevarlo al estudio la bestia se había movido de su pedestal, aquel que rezaba con letras esculpidas “Gurkal”. El hombre de negro comenzó a reírse como un maldito poseído y en un parpadeo emergió el dios amorfo de entre las sombras devorando a s súbdito creando todo un baño de sangre y vísceras alrededor de las demás esculturas. La altura que le había dado era de dos metros pero el monstruo pareció crecer lo doble. El terror me invadió y salí gritando desesperado hacia mi departamento mientras que los vecinos salían a ver qué sucedía. La bestia devoró a cuantos se atravesaban en su camino. Buscaba a su escultor, aquel que le dio la vida. He decidido esconderme en una de las habitaciones. Jamás me encontrara, no es tan listo. Maldita bestia, chilla como un niño pero no me convencerá. Jamás saldré de aquí.
El primer sentimiento que tuvo Gutiérrez fue lo pequeño y frágil que se sentía en aquella habitación. Gurkal seguía aquí y de ahí provenía aquella densa oscuridad infernal. Tiró el manuscrito y un grito de terror lo sobresaltó. Se trataba de Carmona y el grito provenía del lugar que menos deseaba visitar. El sótano. Salió del departamento abandonado y corrió hacia el patio. Al llegar al centro de este, a su izquierda se encontró con las dos puertas del sótano totalmente abiertas. De la oscuridad sobresalía un ruido putrefacto, como el de la carne cuando está siendo machacada por enormes colmillos. Gutiérrez estaba paralizado pero sus sentidos se perdieron en el abismo cuando escuchó la súplica de un niño pequeño. Una de las cabezas tentaculares se abalanzó sobre Gutiérrez devorando su rostro en cuestión de segundos.
Gurkal, el profeta de la muerte, permanece en las sombras. Su hambre fue saciada y la vivienda seguirá siendo el hogar de una criatura ancestral y demoniaca que aguarda en las profundidades de la noche.

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