lunes, 18 de marzo de 2019

Primera parte: El mensaje de Astelinq

Vidrim, Eviliont. Primera Era del Sexto Tiempo (Era de Hechicería)

La batalla finalmente había terminado. El ejército de Astelinq, o por lo menos una pequeña parte de él había asediado Vidrim, la principal ciudad de Eviliont. El reino más poderoso de todo Numdor. Había caído bajo la mano traidora del rey Mermin y sus poderosos y gigantescos trolls. En el suelo adoquinado de la plaza principal yacían cientos de cuerpos sin vida. Hombres, mujeres y niños por igual habían sufrido la furia ciega de los trolls, así como una  pequeña parte de la milicia humana. También hubo importantes bajas por parte del reino invasor, tanto afuera como adentro del muro pero los muros de Vidrim se encontraban manchados de la sangre de cientos de inocentes.

Un puñado de soldados encaminados, junto a la Guardia Real del rey Igpolus, trataron de proteger la corona así como del castillo, pero todo fue inútil. Las órdenes de Shermin, el general del ejército de Eviliont, era defender Vidrim con la vida pero de nada sirvió, la indestructible fuerza de los trolls aplastó por completo la ciudad. La Guardia Real solo disponía de espadas y armaduras ligeras que soportaban el impacto de una flecha más no el brutal y amenazante golpe de enormes mazos tallados en piedra de los trolls. Vidrim tenía una defensa que podría hacerles ganar tiempo a sus habitantes mientras huían hacia el bosque, y estas eran las ballestas. Hablamos de tres metros de largo por casi dos de ancho, las cuales portaban enormes flechas capaces de atravesar árboles, muros, cuanto se le atravesara. Eran las mejores del continente y las únicas fabricadas por carpinteros nativos del pueblo. Nadie en todo Numdor, incluso en Eviliont, sabían el secreto de esas poderosas armas, salvo los carpinteros. Con ellas lograron mantener por varios minutos las hordas de trolls pero los guerreros de Astelinq aprovecharon la concentración hacia los trolls para atacar con flechas incendiarias. Los arqueros de Eviliont respondian con el mismo fuego así como las catapultas posicionadas estratégicamente detrás de los muros. 

La milicia de Eviliont portaba armaduras forjadas en Yeign, pueblo de herreros ubicado a 150 kilómetros de Vidrim, así como las largas espadas que cada uno de los quinientos soldados portaba. El yelmo era capaz de resistir brutales ataques, se había probado con anterioridad en un combate amistoso realizado en los claros boscosos de Taingren, donde comienza la frontera con Agallroch. Cada arma que portaba los soldados del ejército de Eviliont había sido hecha con sumo cuidado y tacto que toda la minuciosidad de la forja era cuidada por mensajeros especiales que el rey Igpolus había mandado a Yeign. El hombre era precavido e inteligente y deseaba que sus hombres portaran la mejor herreria de Numdor, pero al parecer no fue suficiente. Tanto Igpolus como el general Shermin jamas habia pensado en prepararse para una guerra y mucho menos con criaturas que se creía que pertenecían a los Reinos Olvidados, mas allá de las puertas de Portuaris y Criturdeos, donde los dioses tienen su morada y donde el hombre jamas llegaria, o al menos eso se creía. Shermin en algún momento le había mencionado a Igpolus que le parecía demasiado el exigente pedido para Yeign y sus extraordinarios herreros. “No hace falta mi rey. Jamás nos hemos enfrentado a nadie” decía Shermin pero la respuesta del rey fue sabia. “No te preocupes por las armas, mi estimado guerrero, sino por el mañana que siempre trae cosas nuevas a nuestras vidas, incluyendo las guerras, pues desde que despertamos nos encontramos en medio de una para subsistir a una realidad que nos golpea sin piedad”. La frase le parecía mas romantica que inspiradora para Shemin y sus soldados pero el razonamiento y la sabiduría del rey jamás se cuestionaba. Igpolus siempre veía por su pueblo como lo haría un padre amoroso hacia sus hijos. Tuvieron que pasar cerca de cinco años para probar la veracidad de las palabras del rey cuando Mermin atacó sin piedad Vidrim.

En medio de la batalla se había creado una línea de defensa en las puertas del reino. Enorme portones de madera y piedra que los trolls, con su infinita fuerza, trataron de derribar a toda costa. El ejército de Eviliont, por lo menos los que quedaban, se posicionaron cerca de la entrada y con los enormes escudos redondos en mano se prepararon para la ofensiva. Shermin les había indicado que no flaquearan ante lo que estuviera detrás de esas puertas y así lo hicieron, pero la milicia de Astelinq venia mejor organizada y sobre todo mentalizada para emerger una masacre. En cuanto atravesaron esas puertas sus miradas de perdición y odio se hicieron notar de inmediato, parecían estar bajo un poderoso hechizo. Los soldados de Eviliont aguantaron todo lo que pudieron y dieron muerte a varios soldados enemigos pero Astelinq ya había ocupado la mayoría de Vidrim. Shermin esperaba que Igpolus mandara mensajeros a los pueblos y reinos aledaños y así fue, pero las viejas alianzas se habían roto desde hace mucho tiempo. Muchos hombres, mujeres y niños lograron salir del pueblo y huir a hacia los bosques pero el resto sucumbio ante las mortales armas de la milicia de Astelinq y sus enormes trolls. Las ballestas dieron muerte a muchos trolls pero hubo otros que lograron esquivar esas enormes flechas de madera y acero. Siempre se había dudado de la inteligencia de estas criaturas, pues se pensaba que no eran capaces de tener una organización o un razonamiento como tal. Sus comunidades se hacían en los yermos lejanos del desierto de Nagrim, aquel lugar desolado y maldecido por el tiempo. Se creía desde tiempos remotos que los trolls, en realidad, no eran tan grandes y fuertes, en realidad se trataba de seres diminutos que siempre buscaban cuevas y estructuras naturales subterráneas para hacer sus hogares, pero se cree que después de la era de Lurc estos brindaron un enorme favor al dios jerarca de Criturdeos y a cambio éste los dotó de grandeza y fuerza física increíbles, aunque su pensamiento no corrió con la misma suerte.

Cerca del muro, en el lado oeste, había un pequeño grupo de soldados caídos. Sus armaduras fueron atravesadas por espadas y flechas del ejército de Astelinq. Cerca de ellos también se encontraba un troll caído. El cual fue alcanzado por dos espadas largas que Shermin y otro soldado le proporcionaron. La piel del troll es tan frágil como la humana pero no así su fuerza, la cual supera al triple la del hombre. 

Entre ruinas y escombros, entre rocas y polvo, después de tanto silencio, algo comenzó a moverse. Entre los soldados caidos del lado oeste del muro unos quejidos de esfuerzo sobrehumano trataban de ayudar a incorporarse al hombre. El polvo y las rocas se deslizaron de su espalda como una avalancha y su cabellera, agrietada y sucia, se balanceo como péndulo, al compás del silencio mortuorio. Se sostuvo con sus manos pero una de ellas rápidamente se venció y el hombre volvió a caer sobre los escombros. Rodó lentamente a su derecha y lanzó un grito de dolor al eco de la ciudad. Se aferró a su brazo izquierdo y debajo de la armadura se percató de una herida grave. Se quejo y apretó los ojos de dolor. Así estuvo unos minutos, sintiendo el pulso de su corazón en su herida y recordando los vestigios de la batalla. Por un momento olvido como es que había llegado hasta esa parte del muro, trato de recordar a profundidad pero su memoria también se encontraba atrofiada, había recibido un duro golpe y los mas seguro es que había sido uno de esos trolls asesinos al servicio de Astelinq. La ciudad tenía una increíble defensa y se había mandado del mensaje a las ciudades aledañas al reino para que Vidrim se reforzará aún más pero todos habían decidido abandonar al rey Igpolus y el temible ejército del rey Mermin.

Shermin, el general caído, estiró su brazo derecho para buscar su espada. Su cerebro había asimilado finalmente la herida de su brazo izquierdo y tomó la ferviente decisión de que era tiempo de ponerse en pie. La espada no se encontraba ahi asi que tomo lo que fuera para apoyarse. Encontró el yelmo ensangrentado de un soldado, lo acomodo como mejor pudo y se creó un bastón improvisado. Se sentó y su espalda crujió increíblemente, así como su cintura y los dañados huesos de su cadera. Se quejó por unos segundos y miró a su alrededor. El paisaje era devastador. Donde se encontraba pudo ver cerca de cien cuerpos de hombres, mujeres y niños, pero también cuerpos de soldados del ejército invasor, así como tres trolls cobijados por los escombros. La sangre de los caídos aún parecía fresca y tiñó el suelo de escarlata. Algunos miembros de los soldados caídos se encontraban esparcidos por doquier, tales como manos, pies, dedos, piernas, incluso cabezas. Definitivamente aquello no había sido una batalla, sino una total masacre. Shermin volvió a tomar el yelmo para apoyarse nuevamente y tratar de ponerse en pie. Al hacerlo se percató de una nueva herida en su pie izquierdo, parecía ser el tobillo, no podía saberlo con seguridad pues la armadura no le permitía una vista del daño, pero por el dolor y un crujido seco que se producía al apoyarlo sabía que el daño era grave. El humo denso de un fuego infinito en las calles y callejones de la ciudad nublaban por completo su vista, necesitaba de algo en que apoyarse pero el humo le impedía realizar una búsqueda rápida antes que la herida en su brazo y tobillo lo tumbaran nuevamente. No podía ver con claridad pero los recuerdos de la batalla comenzaron a llegar como relámpagos en mitad de la noche. Se encontraba luchando con un troll, defendiendo la vida de un soldado de la Guardia Real quien trataba inútilmente de pelear con la enorme bestia. El troll había levantado su mazo y estaba por aplastar al soldado pero Shermin, con la agilidad de un guerrero de clase alta, logro llegar a tiempo para atravesarlo con su espada. A un par de metros de su posición encontró el bulto inmóvil del troll y su larga espada clavada en las costillas de la bestia. Era un camino largo por recorrer y bajo las circunstancias en que se encontraba le resultaba una complicada marcha. Soltó el yelmo y comenzó a cojear, arrastrando el pie tras de sí. El insidioso sonido de la armadura de su bota arrastrándose por el suelo de Vidrim le pareció ensordecedor ante el imponente silencio. Por un momento miró a su alrededor desconcertado, asustado, como si el ruido de su pie atrajera enemigos que pudieran estar escondidos entre la densidad del humo. Por un momento se aterro pero enseguida le pareció absurdo que tal situación pudiera concretarse. Aquello dejó de ser una ciudad para convertirse en un cementerio, fiel testigo de una batalla donde la traición y la indiferencia fueron el factor clave para que evolucionara a una carnicería sin piedad alguna. 

Finalmente llegó con el troll. Se detuvo en seco y por un momento pensó en patearlo para comprobar su muerte, pero aquello era una estupidez total. Tomó su espada, apretó la empuñadura y con las fuerzas que le quedaban la deslizó lentamente, llevándose consigo sangre oscura de troll. Al sustraerla la utilizó en el acto para lo que tenía planeado. Se aferró a ella como lo haría un anciano a su viejo bastón. Por un momento recordó a su anciano guia espiritual, aquel que le había brindado un amuleto con un lazo de cuero tratado. El amuleto era un Gilgrid, un extraño mineral rojizo extraído de los Montes Ámbar en Timberstirm. La esencia del mineral contiene elementos mágicos que los estudiosos hechiceros de la Orden Taurius determinaron como un regalo proveniente de Portuaris. Su guia le había otorgado el Gilgrid cuando este fue sumergido en las aguas del río Kuln, considerado sagrado para los hechiceros y grumieros de la orden. Shermin se tocó el cuello y le dio un enorme alivio saber que el Gilgrid seguia ahi. Meunt, su guía espiritual, ya no es parte de este mundo, hace mucho que dejó de serlo pero eso no quitaba que su esencia siguiera aferrada al Gilgrid, pues una gran amistad entre Shermin y Meunt se había fraguado a diferencia de otros guías que solo hacen su trabajo con los guerreros que les asignan y regresan a la orden para seguir con sus vidas. Meunt era la excepción a la regla y cuan agradecido estaba Shermin de haberse encontrado con tan sabio y extraordinario hombre. El general se tocó el cuello y comprobó de inmediato que el Gilgrid seguia ahi.

-¡Gracias a los dioses!- exclamó al aire rancio de Vidrim.

Siguió avanzando entre cadáveres, tanto hombres de Vidrim como soldados de Astelinq. Entre yelmos y armaduras. Entre espadas y flechas. Entre sangre y fuego. En un momento de desesperación una pesada lagrima recorrio su mejilla sucia, dejando un camino de humedad, apartando el polvo de su cansado rostro.

-Maldito seas Mermin. Las pagarás.

Por un momento creyó ver la silueta de algo moverse pero solo era un buitre alimentándose de carroña. Destazando lo que quedaba de un troll. Más adelante divisó un pequeño grupo de cinco buitres alimentándose de un soldado caído. Le disgusto el hecho, no obstante no pudo evitar mirar más de la cuenta. Antes de que uno de los buitres desfigurara el rostro Shermin se percató de que se trataba de Trein. Un joven soldado apasionado por su trabajo en la Guardia Real del castillo. Su servicio había empezado esa mañana y se le veía radiante, con la mirada puesta al frente y una determinación que envidio al mismo Shermin. Se acercó a él aquella mañana para darle la mano y desearle la mejor de las suertes. Trein se le veía muy serio en aquel momento pero Shermin vio nerviosismo en sus ojos. El general del ejército de Eviliont le había dado la mano en su primer día de servicio en la Guardia Real, eso era señal de buen augurio.

-No los defraudare señor. Ni a usted ni al rey. Lo juro por mi vida- había dicho Trein horas antes del poderoso y sorpresivo ataque de Astelinq.

Shermin no pudo contenerse. Con la rabia deprimida lanzó un feroz ataque contra los buitres. Su espada cortaba el viento tratando de alcanzar a una de las enormes aves. Sus gritos de furia hicieron eco en Vidrim pero los muros impidieron que salieran de esta. Solo los cuerpos mutilados fueron fieles oyentes de un acto incontenible de furia y frustración.

-¡Alejense de el! ¡Vayanse, malditos!

Los buitres titubearon al principio pero al ver el filo manchado de sangre negra emprendieron el vuelo de inmediato y en medio de graznidos huyeron hacia el cielo percudido. Shermin lanzó otro grito pero esta vez se trataba de sus heridas. El movimiento brusco que realizó al ahuyentar a las aves de rapiña permitió que sus heridas sangraran aún más. El tobillo, a pesar de estar custodiado por la armadura, se veia mas inflamado y el hombro le hacía compañía. Los huesos de su espalda aún pedían una cama suave. Shermin contuvo un poco la respiración y le ordenó a sus cerebro que dejara el dolor a un lado y se concentrarce en poner en pie al cuerpo. Jadeo el general pero, como la torre caída de Mertghes, logró levantarse trabajosamente.
Repentinamente un sonido rastrero comenzó a escucharse  a su derecha, entre las callejuelas de la ciudad. Alguien o algo se acercaba a él. Shermin trato de ver entre el humo pero era casi imposible. Solo pudo distinguir una silueta alta que parecía caminar con dificultad.

-¡¿Quien eres?! ¡Presentate!- exclamó el general mientras levantaba la espada con su brazo sano.

Shermin esperaba lo peor. Un malnacido troll que decidió emerger de entre las ruinas para alcanzarlo y darle muerte o un soldado de Astelinq que tenía la ferviente orden de no dejar a nadie vivo. Shermin se puso en posición de combate y al ver que el tipo cojeaba se alivio al saber que se trataría de una lucha pareja. Una lucha de hombres inútiles porque sus piernas no fueron lo suficientemente hábiles para evitar un ataque. El guerrero no estaba dispuesta a esperar la llegada de su contrincante. Alzó la espada lo más que pudo y abanico sobre la cabeza de su enemigo. El filo partio el craneo en dos. El cuerpo comenzó a dar espasmos y tras unos segundos en pie el enemigo cayó boca abajo dejando un gran charco de sangre. La espada quedó trabada en la cabeza del hombre y Shermin logró quedar en pie después de un trastabilleo por tratar de zafarla. El guerrero se quedó inmóvil por un momento. Su heridas le dolían increíblemente pero en su interior sabía que si no hubiera atacado en el momento probablemente estaría muerto. Se acercó al cuerpo, disipando el humo, y lo primero que vio fue una túnica larga con tonalidades de verde y blanco. Se trataba de uno de los consejeros del rey. 

-Pobre bastardo- dijo en voz alta.

Alargó el brazo para tomar la espada incrustada en lo que quedaba del cráneo del hombre pero algo en su mano le llamo la atencion. Shermin miro aquello por unos segundos. Se trataba de un pergamino envuelto en papel brillante color rojo. Por un momento creyó que dicho rollo se encontraba ensangrentado pero al ver la textura con mejor detenimiento se dio cuenta de que se trataba de papel creado en Kilrin, la ciudad capital de Astelinq. La base del material con el que estaba hecho el papel era de unas hierbas rojas que solo crecen en los prados de Kilrin, los hierberos la llamaban Forgum que, en el lenguaje antiguo quiere decir “naturaleza escarlata”, y las cuales le dan una textura suave y brillante al momento en que sus componentes son mezclados. Se tiende en el sol y se deja secar todo el dia y eso permite que el color brille intensamente en cualquier lugar a cualquier hora del dia. Un excelente trabajo de quimica por parte de los fabricantes de papel de Kilrin,

Shermin sabía que aquel rollo era un mensaje de Mermin. Sintió deseos de quemar aquel pergamino pero muy en su interior sabía que era importante. Mermin siempre planeaba sus estrategias meticulosamente, lo hacía desde que ambos eran niños. 

Mermin siempre fue un niño hábil en matemáticas. En materias como física, química y astronomía tenía un gran sentido de la comprensión y el entendimiento pero las matemáticas eran los suyo. A la edad de cinco años mostraba su increíble habilidad mental en el ajedrez al hacer jaque mate en dos tiradas. A la edad de ocho años participaba en ejercicios militares con su padre en el momento de crear estrategias de guerra. A la edad de doce años había decidido dejar el colegio para dedicarse a servir en todas las aéreas militares de Astelinq, destacando principalmente la creación de armas y colocación de formaciones militares en campos de batalla. Era el orgullo del rey y a pesar de que Shermin tambien tenia lo suyo Rodfus jamás se ruborizaba como lo hacía con Mermin. Pero el destino le jugaría una mala pasada al ver el rostro torcido de su hijo mientras este lo ahorcaba en su propia cama. Mermin también tenía planeado asesinar a su hermano pero Igpolus le facilitó la tarea al llevárselo de Astelinq otorgándole, debido a sus habilidades, el liderazgo del ejército de Eviliont. Con esto Mermin pudo obtener el control total de Astelinq y se apoderó de todos los pueblos aliados que le servían. En especial los reinos del este. Su ambición había rebasado fronteras y ahora había decidido atacar los reinos del norte.

Shermin se hinco con sumo cuidado para alcanzar el pergamino. Por un momento se pregunto porque uno de los sirvientes del rey traería algo así en sus manos pero de inmediato volvió a concentrarse en el rollo. Lo tomo con su mano derecha y como si se tratara de un yunque levantó el pergamino con enorme esfuerzo. Repentinamente escuchó unos pasos detrás de él. Abrazo el pergamino con su brazo herido y de un fuerte tirón desenvaino la espada del cráneo partido del hombre. Apuntó hacia la nada, en la dirección de los pasos.  

-¡¿Quien eres?! ¡Presentate!- volvió a gritar.

-¡General! ¡No ataque!- dijo una voz adulta entre el humo.

-¿Tudhor?

-Sí mi general, soy yo.

El hombre que, a pesar de verse débil, no parecía tener un asunto tan complicado como el general.

-Lograste sobrevivir. 

-Así es señor. Fui alcanzado por una flecha- dijo Tudhor mostrándole una herida en su brazo derecho. La punta de la flecha aun seguia ahi, habia roto el resto de ella.

-Esa herida necesita una urgente revisión.

-No más que las de usted. Apenas puede ponerse en pie.

Shermin inclinó un poco la cabeza mientras apretaba los dientes. Sus heridas eran más graves de lo que pensaba.

-Lo mejor será que busquemos ayuda en Groin- dijo Tudhor abrazando con un brazo la espalda del general.

-Te agradezco tu preocupación soldado pero mi brazo y mi tobillo no aguantaran una caminata hasta Groin.

-No se preocupe, buscaré un caballo-

Cerca de su posición se encontraba un montículo de ruinas. Al parecer habían caído de la muralla cuando el ejército de Astelinq uso sus catapultas, las enormes rocas habían derrumbado una gran parte del muro. Tudhor llevó a Shermin hacia el montículo y lo sentó con sumo cuidado en una enorme roca apoyada a lo que quedaba de esa parte de la muralla.

-Ahora regreso general- dijo el hombre corriendo hacia las callejuelas de Vidrim.
Shermin apoyo su espada en la muralla. Acto seguido recargo su espalda en la derruida muralla. Su jadeo aumentaba con cada minuto que pasaba. Estaba perdiendo mucha sangre y el dolor le punzaba la cabeza cada segundo. Inhalo y exhalo profundamente. De pronto vio lo que su brazo izquierdo sostenía desde hace un rato. El pergamino rojo de Astelinq. Lo tomo con su mano derecha y lo sostuvo con ambas para una mejor inspección. Se encontraba amarrado con un hilo plateado y grueso. A Shermin le tomó varios segundos desanudar el hilo pues el dolor de su brazo no le ayudaba mucho. Una vez liberado abrió el rollo. Había un texto, escrito con una caligrafía casi perfecta. El párrafo rezaba así:

En la vida y en la muerte el destino es el mejor postor
Yo decidí portar la llave del reino, mientras que tu la cerradura
Tus dioses no acudirán a tu llamado, solo observarán tu lenta muerte
Astelinq resurgirá y tu no puedes hacer nada para evitarlo
El comienzo de una nueva era levantara al dragón de muerte y
saqueara a los que se nieguen hincarse ante el.
Yo tengo el poder de la palabra
¿Tu que tienes?...hermano

El pergamino se deshizo en el acto, como si este estuviera compuesto por brea. Un hechizo poderoso y oscuro se guardaba en sus palabras.

-¡Maldito seas Mermin! ¡Te vas a arrepentir!

Su mirada se encontraba inyectada en sangre. Shermin estaba furioso y jamás en su vida había deseado tanto la muerte de su hermano como en ese momento. Sabía que Mermin era cruel pero no un ser despiadado hambriento de poder. Sabía que su ejército estaba bajo la influencia de algún hechizo y por el mensaje que acababa de leer se trataba de un hechizo oscuro y muy poderoso. 

-Tengo que ir al castillo. Debo avisarle a Igpolus. Antes de que…

Repentinamente la vista del general se nublo. Su cuerpo se debilitó y como la muralla de Vidrim cayó pesadamente sobre el suelo escarlata de la ciudad. Lo último que pudieron ver sus ojos neblinosos fue la silueta de Tudhor corriendo entre los cadáveres para auxiliarlo.

miércoles, 27 de febrero de 2019

La esfera



Hace algunas horas acaba de suceder uno de los peores terremotos de la ciudad de México. Muchos edificios se derrumbaron y cientos de grietas se abrieron en los pavimentos. Hubo cientos de muertos pero también muchos sobrevivientes. Yo me incluyo dentro de ese último porcentaje, pero también soy parte de aquel grupo social que pertenece a la rapiña, a aquellos que procuran abusar de la bondad de la gente para arrebatarles sus objetos más preciados y porque no, hacerme con ellos de grandes billetes. Soy ladrón de profesión, mano larga en esta parte devastada del mundo, pero no es por eso que me encuentro escribiendo estas palabras, me encontré con algo que, sin saberlo, me ha maldecido el tiempo que me queda de vida. No es tan malo como aparenta pues tengo un tipo de cáncer en mis pulmones, así que de una u otra forma moriré, ya sea por la enfermedad o en manos de aquello que acecha mi hogar y observa detenidamente cada uno de mis movimientos. Por eso el motivo de este texto. No tengo hijos y no tengo ningún tipo de herencia que dar pero me veo forzado a dejar estas palabras para describir la abominación con la que me tope. No tengo mucho tiempo así que me daré prisa en contar los hechos.

Hace un par de días un violento terremoto de 8.7 grados en la escala de Richter atacó sin piedad la Ciudad de México, como dije anteriormente destruyó cientos de edificios y casas por todas partes, así como parques y avenidas principales. Afortunadamente mi casa no sufrió daño alguno, pienso que fue debido a que es solo de un piso y se encuentra en las partes altas de un cerro. La catástrofe duró cerca de un minuto exacto, a mi me pareció una eternidad. Quince minutos después los que se encontraban en las calles comenzaron entraron en los edificios derrumbados para sacar a las personas, pero hubo algunos, como su servidor, que entró para hurtar. Entre en un edificio que estaba a punto de colapsar, recuerdo que era de seis pisos y contaba con doce departamentos pequeños. Nada del otro mundo, pero algo me decia que debia entrar en el departamento siete. Me lo topé de frente al subir el cuarto tiraje de escalones. Al ver la puerta de madera con el número siete colgando al revés sentía una extraña sensación de que me encontraría con algo grande, algo de un valor incalculable, o al menos eso fue lo que mi mente enferma y ambiciosa determinó. Al llegar a la puerta mire a mi alrededor. Escuchaba quejidos de dolor y gritos de ayuda en el siguiente departamento pero mi curiosidad era más fuerte que cualquier cosa. Abri cautelosamente la puerta de madera y entre en el lugar de mi perdición, donde encontraría mi sentencia final. El departamento se encontraba devastado, prácticamente en ruinas. El orden que alguna vez había sido ahora solo quedaba un lugar que parecía haber sido víctima de vandalismo, seguramente el dueño o los dueños así lo hubieran preferido. En un principio creí que se trataba de otro lugar familiar aburrido pero al percatarme de las figuras que se encontraban en el suelo me di cuenta que no era así. Se trataban de imagenes religiosas aunque no como creí, eran imágenes de santos que jamás en mi vida había visto. Dichas imágenes tenían una anatomía y fisonomía grotescas. Me inclina para levantar una de ellas y la inspeccione detenidamente. Se trataba de una figura hecha de madera, parecida a un árbol viejo solo que las ramas delgadas y aparentemente secas hacian de patas de un tronco escamoso y grisáceo. Aquello no tenía rostro y mucho menos la forma de una imagen a la que se le pudiera rezar. Era una maraña de naturaleza muerta. Se encontraba puesta sobre una pequeña base la cual contenía una letras grabadas en la madera: Neigrit. Estaba por llevarme aquella extraña figura pero algo en el fondo de la habitación llamó mi atención. Algo brillante que se escondía bajo una maraña de ropa y yeso. Solté la figura y me acerque a aquello. Brincando escombros finalmente logré llegar a mi objetivo. Quite la ropa y las piedras que lo cubrían y como el amanecer de la ciudad me deslumbró lo que encontre. Se trataba de una bola de cristal. En alguna ocasión había visto una, cuando vivía con mi madre en una vecindad donde una señora tenía su negocio de artes adivinatorias, pero aquella bola no se parecía en nada a lo que había visto aquella vez cuando era niño, era mucho más grande y reflejaba colores donde no los había. En primer término pensé en patearla pues había algo en ella que no me daba confianza, pero despues pense en que podría romperla y que probablemente su valor es mucho más grande de lo que me imaginaba. Busque algo con que cubrirme las manos, tome una playera rota que estaba entre los escombros, envolví mis manos con ella haciendo una especie de hamaca al momento de estirarla para ambos lados y levante la esfera la cual era demasiado ligera. La puse en aquella hamaca improvisada y la envolví con el resto de la sudadera. Salí corriendo de aquel lugar antes de que se percataran de mi presencia, pues ambulancias y cuerpos de rescate venían a toda prisa. Afortunadamente la gente que vivía en el edificio se encontraba ofuscada y se había alejado del lugar para cubrirse en un parque cercano, como todos los afectados por el terremoto, pero tardarían en regresar con elementos de protección para poder entrar a sus hogares y recoger sus pertenencias. Mientras caminaba a toda prisa por la calle me di cuenta de que varias personas me veían de una manera extraña. No aquella mirada de ladrón hijo de puta, sino que sus ojos se veían totalmente negros y sus expresiones eran pálidas, como si se tratara de muertos vivientes. Cada que pasaba a un lado de estas personas sentia una energia extraña de maldad pura, algo que nunca había sentido en mi vida. Alguna vez pise la cárcel y la vibra de estar ahí es fuerte, pesada, te presiona los hombros sin piedad y te cuesta trabajo inhalar con tranquilidad, esta energía que les describo era más que eso, iba más allá de cualquier tipo de maldad humana era como si entrara a otra dimensión llena a de agujeros negros  y en la profundidad de cada individuo algo maligno se escondiera en aquellos ojos negros inundados de materia diabólica.

Al llegar a mi hogar me recargue en la puerta y exhale con fuerza. Sentí un alivio en mi ser así como en mis pulmones que ya comenzaban a dolerme. Lo primero que hice fue dirigirme a una pequeña mesa que tengo en una mis habitaciones, donde inspeccionó los objetos que hurto y desenvolvi la prenda. Ahí estaba. La esfera de colores iluminaba cada centímetro de la habitación con los colores llamativos, fosforescentes, alegres. Cada minuto que pasaba observandola me maravillaba con ella y pensaba en las enorme posibilidades de hacerme de una gran cantidad de dinero con ella. Pensaba en llevarla en ese momento con mi mayor comprador pero algo sucedió inesperadamente. La esfera ya no reflejaba colores sino una especie de luz turbia que envolvió la oscuridad del cuarto. De pronto una luz emergio del centro de esta y reflejo una sombra en el techo y muros de la habitación. Se trataba de un silueta parecida a un árbol seco, tétrico y de inmediato vino a mi memoria la figura que había cargado al momento de entrar en el departamento. Neigrit estaba ahí para cobrarme lo que le había quitado. La silueta se abalanzo hacia a mi, produciendo un gruñido aterrador que sobresalía con un especie de eco que emetia de la misma esfera, como si aquella criatura del infierno se encontrara en una enorme sala. Sentí sus brazos delgados y secos en mi cabeza y esta a su vez comenzó a vislumbrar un escenario apocalíptico. Toda la humanidad se rendía ante los pies de Neigrit y aquella especie de “dios” atravesaba los cuerpos humanos con sus largas ramas para devorarlos, como si se trataran de salchichas de cóctel. La sangre corría en formas largos ríos a través del planeta y junto a Neigrit aparecían más seres infernales que diezmaban a la población. Lanze un grito de terror y esto me hizo reaccionar. Logre safarme de la garras de aquel ser y me percate de que la esfera no reflejaba el infierno sino un lugar enorme y oscuro parecido a nuestro planeta, por un momento creí que este se encontraba en el cosmos pero no algo en aquella imagen de muerte me pareció familiar y determine de qué se trataba de la tierra misma. Di media vuelta y salir corriendo la habitación, cerrando la puerta tras de mi. Arrastre un mueble pesado que tenía en mi sala donde descansaban varias cosas que había robado y lo coloque en la puerta. Estaba por salir de mi hogar pero algo me decia que tenia que advertir a la humanidad de esto, compartir lo que acababa de ver.

Hace minutos que esto sucedió y Neigrit está a punto de mover aquel mueble. Estpy cerca de la muerte y puedo ver atraves de mis ventanas que el dia cada vez se oscurece más, trayendo consigo una maraña de nubes grises y amenazantes trayendo consigo una tormenta de proporciones bíblicas. Maldición finalmente abrió la puerta y desde mi posición puedo ver sus incontables brazos delgados y tétricos salir de la habitación como lo haría una araña acechando a su presa. Tengo un as bajo la manga, antes de escribir este manifiesto me rocie con gasolina. Prefiero morir envuelto en llamas que en las ramas de esa abominación. Tomen en cuenta mi texto pues Neigrit y la esfera vienen para someter a la humanidad y aplastarla como una plaga de insectos.


viernes, 28 de septiembre de 2018

La torre del silencio

La vida de un autor está repleta de sorpresas y desgracias. Lo que parece objetivo y adecuado para una sociedad conformista el autor lo pasa del otro lado de la moneda y crea mundos fantásticos repletos de imaginación desbordante. Algunos solo se quedan en las pocas palabras pero otros tratan de ir más allá, donde los demonios de la noche se esconden, donde la oscuridad los envuelve y los abraza como si de viejos amigos se tratasen.

Tal era el caso de Néstor Grajales, un autor dotado de un talento único para los amantes de la literatura de horror contemporánea. Una visión extraordinaria donde el día y la noche se encuentran en un mismo tiempo y se conjugan para crear las escenas más terroríficas que cualquier lector erudito en el tema pudo haber imaginado alguna vez en su vida. Sus libros se habían convertido en best-sellers al instante, a pesar de que la comunidad religiosa había tratado de satanizarlos por considerarlos demasiado aterradores. Lo extraño del asunto eran los casos de esquizofrenia que se registraban por parte de sus lectores cuando estos terminaban sus historias. Eran casos muy extraños cargados de un aire sobrenatural a pesar de la opinión del escéptico más necio, pues Néstor, si es que era su verdadero nombre, encontró en las letras mundos extraños que giran a nuestro alrededor y que siempre se encuentran a la expectativa de una humanidad ciega y estúpida.

En mis días como cronista había llegado al periódico la primera nota sobre el primer caso de esquizofrenia. Un hombre de 37 años había tenido una especie de ataque epiléptico dentro de una cafetería cercana al zócalo de la Ciudad de México. Según los testigos el hombre se encontraba leyendo un libro el cual le ponía una atención exuberante, como si su vida dependiera de ello. Portaba un bolígrafo y hacia anotaciones rápidas sobre el papel de la novela. Un testigo cercano a su mesa declaró que el libro que leía era: Los habitantes de la tierra muerta, el último libro de Néstor Grajales.
Al principio dicha declaración no fue tomada en cuenta pero al pasar los días los casos de esquizofrenia aumentaron y con ellos venia la declaración de varios testigos anunciando el dichoso libro en manos de las victimas, si es que así se les puede decir. Jamas había escuchado que un libro pudiera provocar esta clase de acontecimientos siniestros, me resultaba realmente perturbador que sucediera pero a fin de cuentas la incredulidad se apoderaba de mis pensamientos y buscaba una respuesta falsa que pudiera sopesar esta situación. 

Comencé a  investigar por mi cuenta mientras escribía un articulo al respecto para el periódico. En internet había información al respecto sobre la novela pero no la información que yo esperaba encontrar. Habia artículos relacionados que hablaban de la genialidad con que fue escrita alabando la el talento del señor Nestor, anunciando que se trataba de su mejor novela. Cuando era joven, antes de graduarme ne periodismo me había leído una de sus novelas. Nunca fui admirador del horror en la literatura pero gracias a algunos compañeros de la universidad logre leer dos novelas de este autor. En su momento me parecieron regulares y de alguna manera entretenidas. Un compañero me había mencionado en una ocasión que dichas historias de horror ocultaban algo, era como si el señor Nestor tuviera alguna especie de conocimiento esotérico a su alcance. De igual manera conocía la obra de H.P. Lovecraft debido a la influencia de mis compañeros y sabia de antemano que exageraban sus comentarios respecto a este autor, pues Nestor había mencionado en varias entrevistas que una de sus mas grandes influencias era el autor de Providence, así que los comentarios de mis compañeros rayaban en el fanatismo. Eso creí hasta toparme con la ultima novela de este autor que, estuvo a punto de atraparme.

Mis investigaciones comenzaron a inclinarse por la vida de este particular autor mexicano, pero antes de sumergirme en su vida debía hacer algo fundamental para continuar con esto. Debía adquirir "Los habitantes de la tierra muerta" y constatar el asunto que ya comenzaba a ser leyenda urbana en internet. Fui a la librería mas cercana a mi hogar y adquirí la novela sin ningún problema. Se trataba de un grueso libro de setecientas paginas que tarde en leer. Se llevo tres meses de mi vida social y no me arrepiento de haberlo hecho. La historia era exquisita pero era aun mas la narrativa del señor Nestor, extraordinaria de principio a fin. Era como leer al autor de Providence pero en proporciones mayores, como si otra dimensión entrara en tu vida mientras te sumerges pagina por pagina. En su momento me burle de aquellos que habían sufrido ataques de esquizofrenia pues la historia era realmente buena y aun seguía cuerdo. En los siguientes dias dejo de interesarme la investigación de dicho fenómeno pues ya lo consideraba parte del fanatismo de la gente, asi que dedique a escribir mi articulo y continué con mis labores diarias en el periódico. Jamas imagine la clase de situaciones que se me vendrían después, de las cuales, afortunadamente, salí bien librado.

En una tarde calurosa de Mayo me encontraba en un establecimiento de comida sobre la avenida Reforma. Comía una hamburguesa con queso acompañada de una Pepsi de 600ml. Le di un buen mordisco cuando de pronto aquella jugosa carne se convirtió en una especie de masa gris rellena de una sustancia negra que salía como brea caliente de la hamburguesa. Vomité lo que había engullido pero en el proceso sentí la putrefacción de aquella brea espesa y maloliente. Al caer al suelo se movía como un caracol que trata de salir de su caparazón. Solté un pequeño grito y mire al dueño de aquel puesto de comida, esperaba ver un rostro sorpresivo pero me encontré con la expresión de una momia pudriéndose lentamente. Sus cuencas oculares estaban vacías, su piel se derretía y su cabello caía, como arañas muertas. Lancé un grito potente al viento y de inmediato aquella aterradora visión se esfumó y el rostro humano y extrañado del hombre regresó. Me preguntó si me encontraba bien, afortunadamente era el único en aquel puesto de comida y con esfuerzo en mi voz, debido al impacto, conteste que si. Mire mi hamburguesa y la carne jugosa de res estaba ahí, así como los trozos que había vomitado. Eso fue solo el comienzo.

Aquel día decidí reportarme enfermo, pues las náuseas iban y venían. En el camino de regreso comencé a recordar la historia de "Los habitantes de la tierra muerta" y el como había dado un poco de náuseas una escena en particular. Los demonios de la dimensión "inferior" eran contactados por su protagonista a través de una secuencia de palabras en la geometría sagrada. Las matemáticas de la naturaleza. Pero al contrario de la pureza de esta, es decir, la naturaleza podrida, aquella que abunda en los pantanos y las zonas muertas donde se encuentra la energía oscura de la tierra. De ahí el título de la novela. Al momento de la invocación una masa espesa y negra surge de las fauces del protagonista sintiendo y cito, "como si cobrara vida en mi lengua y se arrastrara como una larva viscosa". De alguna manera lo relacione con aquella aterradora visión que tuve y me convencí a mismo de que se trataba tan solo del increíble imaginación que un cerebro humano puede producir. Ante mi incredulidad decidí dejar esta relación por la paz y me fui a mi casa a descansar. Lo que describiré a continuación lo dejo a criterio del lector.

Al llegar a casa decidí recostarme. Las náuseas me estaban matando y sentía un intenso vértigo. En un momento dado me quedé dormido y en poco tiempo entre en el sueño profundo. El mundo onírico. Lo primero que se cruzo en mi visión fue una especie una especie de cueva. Mire ami alrededor y me encontré con un bosque, arbustos, flores, hierba y demás naturaleza rica en belleza. La cueva que tenia frente a mi era lúgubre, húmeda y carente de la belleza que tenia detrás de mi. Algo en su interior me atraía fuertemente, como si una voz en mi casa me dijera que lo que hay ahí dentro era mejor que aquel paisaje boscoso. Me deslice hacia la oscuridad y rápidamente la cueva me jalo hacia sus fauces. La velocidad a la que iba me provocaba una sensación de caída. Me sentía como Alicia cuando cae por el agujero del conejo. Repentinamente comencé a unas criaturas que parecían caminar en contra de mi dirección. Su aspecto era de lo mas siniestro y putrefacto. Parecían una especie de arañas gigantes pero sus cabezas eran una extraña combinación entre una cabra y un perro. No pude verlos con claridad puesto que avanzaba a una mayor velocidad. Eran negras y parecían babear una especie de liquido viscoso y negro. Una de ella trato de alcanzarme al pasar muy cerca de ella, pero solo fue el intento pues la cueva me seguía absorbiendo. La sensación que me invadía era de muerte. Sentía que estaba muerto y que esto era el mismo infierno. Si esto era el infierno no era tan malo como yo creía, hasta que la cueva me llevo al otro lado y me expulso hacia un territorio extraño que jamas había visto en mi vida. Lo primero que contemplé fue un camino empedrado muy inestable, la maleza podrida crecía a su alrededor y la tierra fangonosa hundía el camino, al parecer ya tenía tiempo concretando esta tarea. Avance por dicho camino, entrando en aquel bosque negro y muerto. Los arboles a mi alrededor se encontraban torcidos, con las ramas apuntando a todas las direcciones, como momias petrificadas en la tierra. El camino se tornaba difícil en algunas ocasiones, montículos de fango y arbustos negros se interponian ante mi paso pero una fuerza desconocida me atraía fuertemente al final, sin saber lo que me esperaba. De nueva cuenta me parecía familiar aquel paisaje de putrefacción. Aquella escena venía en la novela de Néstor Grajales. Cito: "La tierra de los muertos se abría ante mi, invitándome a un limbo de muerte y perdición. Había una razón por la que estaba ahí y era muy clara. La torre del silencio me esperaba". Aquello último me aterro en sueños pues sabía exactamente qué había en aquella torre, si es que todo este asunto se relacionaba con aquella novela del infierno. Deseaba despertar y no encontrarme con aquello al final pero era demasiado tarde, la tierra de los muertos me tenía atrapado y no había vuelta atrás.

Después de un prolongado camino finalmente llegué a mi destino. En lo profundo del bosque muerto se hallaba aquella edificación maldita. El santuario de Tongl, también conocida como la torre del silencio. Se trataba de un edificio cilíndrico con una loza abovedada en la parte superior. Estaba construida por enorme tabiques de una forma curva hacia arriba, no es que fuera arquitecto o tuviera conocimientos de ingeniería civil pero aquello no se parecía en nada a una torre como mi cerebro lo registraba. Tenía una forma muy ajena a la geometría de este mundo, mi mundo. En la parte inferior tenía una enorme puerta de madera, curva de la parte posterior. Aquella fuerza extraña que antes mencioné me tenía inmóvil, me obligaba a contemplar la estructura como si fuera una lechuza en la oscuridad de la noche. Mis ojos los sentía como se agrandaban, mis pupilas se dilata van y una pequeña lágrima se escurría de mi ojo derecho. En ese momento desee despertar con todas mis fuerzas. Mi sexto sentido me estaba advirtiendo de algo maligno y no podía hacer nada al respecto. Estaba petrificado.

Repentinamente la puerta se abrió y recordé otro pasaje más de la novela: "el mundo se detuvo, la oscuridad de aquella torre del silencio emanaba como la peste y me hizo sentir que era la última vez que veía a mi familia. Tongl saldría en cualquier momento y yo sería devorado por su maldad". Según mis recuerdos, en la novela, el protagonista jamás veía a aquella deidad y lograba escapar de la tierra de los muertos, pero en mi sueño esto parecía todo lo contrario, pues aquella oscuridad dentro de la torre comenzaba a cobrar vida. Una extrañas extremidades surgieron de la torre, se trataba de tres brazos peludos y grisáceos. Lo primero que se me vino a la mente era que se trataba de un oso pero cual fue mi horror cuando se saco el hocico hacia el día muerto. Parecía la cara de un simio solo que descarnada. No tenia parpados ni labios y babeaba con una intensidad que me pareció sobrenatural, morbosa, como si aquello que saliera de su boca fuera una cascada de cadáveres licuados, pues contenía colores como el marrón y el rojo intenso y contenía un hedor a excrementos y carne putrefacta. Su altura era de tres metros o al menos eso fue lo que me pareció pues no mostró su cuerpo completo. Me encontraba petrificado ante tal aberración, mis extremidades no respondían. Tanto mi cerebro como mi corazón iban a mil por hora. Sentían que me iban a estallar en cualquier momento. El monstruo acerco su deforme cara hacia a mi, apunto su mirada vidriosa y negra hacia la mía y en ella pude ver una maldad pura y anormal, ansiosa de consumirme y hacerme participe de su espesa baba marrón. Abrió su boca y me encontré con miles de lenguas humanas esparcidas por toda su cavidad. Todas se movían al mismo tiempo pero lo que mas me aterro fue que todas gritaban y pedían auxilio ala vez. Se trataba de las miles de victimas de este ser  maldito. Mi cerebro no logro procesar todo esto y en sueños caí fulminado.

No se cuanto tiempo fue lo que tarde en despertar pero cuando lo hice me sentía desairado, agotado, como si hubiera subido la montaña más alta. A pesar de seguir acostado mis extremidades se encontraban realmente cansadas, como si hubiera hecho un esfuerzo titanico. Me levante con dificultad y aun podía percibir los aromas putrefactos de aquel bosque. Sobe mi frente y sentí una pequeña punzada en la sien. Aquel sueño poco a poco lo asimilo mi cabeza. No había sido un simple sueño, esto había sucedido en verdad. Me dirigí rápidamente a la sala para encontrarme con la novela de Nestor Grajales. Comencé a leer los últimos párrafos de la novela y en ellos se describía un pasaje que, en su momento, me había provocado escalofríos y de inmediato lo relacione con el sentir de mi cuerpo, decía lo siguiente: "El mundo ya no era el mismo, ahora mis ojos se encontraban totalmente despierto a esta falsa realidad. ¿Que hay mas allá del sistema solar? ¿Que hay mas allá del universo? ¿Que hay mas allá del pensamiento humano, de una idea, de una razón? Tal vez nunca lo sepa pero estoy completamente seguro que el dios Tongl, de aquella torre del silencio, aguarda en los cuerpos y almas de cualquiera que se haya topado con su reino de muerte. Afortunadamente logre escabullirme antes que el ser descarnado me mostrara su verdadera cara. Ahora mis estudios se enfocaran hacia las ciencias ocultas para tratar de encontrar a los hermanos del dios descarnado, aquellos que en tiempos remotos llamaron los dioses menores. Para mi gusto este ultimo titulo me parece de lo mas aberrante pues ellos vinieron de un tiempo distinto, una época en que la humanidad se encontraba dispersa y su evolución apenas comenzaba. Una época oscura. Por eso, para mi son los dioses del bajo mundo. Aun tengo mucho por investigar pero se que ellos no son los únicos que viven entre nosotros."

En ese momento comprendí lo que había sucedido. Aquel dios llamado Tongl se encontraba en mi alma y se estaba apoderando de mi cuerpo, de mi sistema nervioso e inmunologico.

Los próximos días dedique mi tiempo a investigar sobre el autor. No era difícil dar con el, pero al parecer era una persona solitaria que odiaba ser molestado por cualquier incauto fanático de sus libros. Le escribí varios correos electrónicos pero ninguno fue atendido. Finalmente opte por el correo tradicional. Mande una docena de cartas y cual fue mi sorpresa al enterarme que esta vez si hubo respuesta de parte del señor Nestor. Se trataba de una extensa carta en la cual explicaba el porque había escrito esta novela, su inspiración y sus hábitos de escritura. Me encontraba molesto por esta respuesta, estaba por tirar la carta a la basura cuando me percate de algo al pie de esta. "Encuentrame en la siguiente dirección". Debajo de este mensaje se encontraba una dirección que jamas en mi vida había visto. Tecle la dirección en mi computadora y Google me llevo de inmediato a ese lugar. Se trataba de un lugar solitario, perdido en la espesura de un bosque. Ya había tenido suficiente con bosques. Repentinamente me vino un violento espasmo y unas aterradoras visiones de aquella endemoniada torre. Habia gente realizando sacrificios en ella pero sobretodo una niña la cual era encerrada en aquella torre mientras una vendaval apocalíptico asotaba la maleza a su alrededor. De pronto se termino y me encontré de nuevo en mi casa. Mi vista se concentro en la dirección que estaba en mi computadora y en ese momento supe que aquel hombre debía tener la respuesta y lo necesitaba ansiosamente. Finalmente me había creído el cuento de los esquizofrenicos y no pretendía quedarme de brazos cruzados, esta maldición no iba conmigo. En ese momento tome mi chaqueta, subí a mi auto y me dirigí hacia esa dirección.

Tome la carretera de Villa del Carbón y el GPS enseguida me dirigió hacia un camino solitario y boscoso. Como cronista ya había tenido algunas noticias relacionadas con este camino y los pueblos aledaños. Eran conocidos como los "pueblos del diablo" o "los círculos del infierno" por varios religiosos. Yo tenia el conocimiento de Solares y Laguna Roja pero al parecer había un pueblo mas del que nadie hablaba y estaba sentenciado el solo mencionarlo siquiera. Continué mi camino por aquel sendero. Llegue al hogar del señor Nestor en el crepúsculo. Cabe mencionar que había un extraño conjunto de nubarrones grises que amenazaban la zona. No se trataba de un lugar en el que la armonía había sido participe sino todo lo contrario, o si hubo felicidad alguna vez esta se había esfumado para siempre. Lo primero que vieron mis ojos fue una reja alta de color negro, sus adornos góticos constaba de dos gárgolas que custodiaban dicha entrada por cada esquina. En medio de esta, en medio de la minuciosa herrería, había un símbolo. Un enorme circulo con cinco círculos distribuidos dentro del mas grande, los cinco apuntaban hacia el centro y formaban una figura geométrica en el centro la cual abarcaba un símbolo mas que jamas en mi vida había visto. Se trataba de un semicírculo abierto de la parte posterior. Por alguna razón aquel figura me dio a entender que poseía una connotación esotérica y maldita en todos los aspectos. Aparque el auto y baje de este para acercarme a la reja. Sentía la mirada de aquellas gárgolas de hierro y en mi interior me encontré con un sentimiento de cierto estupor por aquel lugar, era como si me sintiera en mi verdadero hogar. A quince metros de la reja se encontraba la casa del autor que, al igual que la reja, tenia un estilo gótico increíble. Me atrevería a decir que me encontré con la verdadera casa de la familia Addams. Mientras contemplaba la construcción un hombre viejo con una gabardina larga y negra fue a mi encuentro. De inmediato supuse que se trataba de Nestor Grajales. Abrió la puerta de la reja y me hizo la seña correspondiente invitándome a pasar. Durante el camino a su casa no expreso palabra alguna, supuse que me explicaría todo al llegar a su casa. Al entrar me tope con una mansión de proporciones extraordinarias. Los adornos eran exquisitamente detallados hasta el mas mínimo punto.  Habia cuadros por doquier, en los cuales se plasmaban figuras grotescas en escenarios de perdición. Me invito a pasar a la estancia y en seguida me petrifique. Habia una enorme chimenea de estilo barroco con un busto demoníaco adornando la parte superior y un poco mas arriba se encontraba un enorme cuadro que plasmaba mi mayor terror hasta el momento. La torre de Tongl. La torre del silencio.

-Se como se siente, pero no se preocupe. Usted ha sido elegido- dijo aquel hombre.

-¿De que habla?

-Nosotros somo motas de polvo en el aire. Ellos son los vendavales que rigen este plano desde tiempo inmemoriales.

Repentinamente una sombra imponente se asomò por la entrada de la torre pintada en el cuadro y enseguida una corriente sobrenatural me atrajo hacia ella. Corrí hacia la entrada, sintiendo el vendaval en mi espalda. Atravesé el enorme jardín que separaba la casa de la reja y sentí una enorme presencia detrás de mi. Era Tongl, lo sabia, aquel ser peludo y descarnado necesitaba de mi ser, de mi cuerpo como huésped de su esencia ancestral. Afortunadamente logre salir a tiempo y subirme a mi auto para escapar a toda prisa.

Deje pasar dos días para asimilar aquello que mis ojos no han podido acostumbrarse del todo. Aquella visiones de la tierra de los muertos me siguen acechando dia y noche pero sobretodo la mansión de Nestor Grajales, la cual veo constantemente en sueños y trata de jalarme hacia su interior maldito. Tengo la fiel certeza de que esta historia no termina aquí. Me volveré a encontrar con esos demonios que dicen llamar "dioses". He perdido mi trabajo y la gente del periódico me ha obligado a visitar un psiquiatra el cual, como era de esperarse me ha diagnosticado esquizofrenia. Solo el tiempo dirá lo que me depara en realidad.